Veredes, arquitectura y divulgación
VAD 15. La memoria
Fecha de inicio: 2026-02-01
Fecha de cierre: 2026-04-30
Solemos “hacer memoria” para tratar de recordar eventos pasados. Al intentarlo, nos vemos obligados a “refrescar la memoria”, a recuperar aquello que tenemos “grabado en la memoria”; y eso “si la memoria no nos falla”, y con más posibilidades de éxito si acaso “lo aprendimos de memoria”. En la esencia del ser humano está la conciencia de ser y de haber sido, y, por tanto, de recordar sus experiencias vitales y de darles un sentido para orientarnos en el futuro (la “razón histórica” de la que hablaba Ortega y Gasset). De ahí que podamos tener un “historial” (médico, académico, policial, digital, etc.) y que seamos capaces de elaborar relatos biográficos o históricos, según el objetivo se centre más en un individuo o en un colectivo.
La potencialidad de la memoria para lograr un cierto nivel de progreso es evidente: uno aprende de sus errores y, al corregirlos, mejora el resultado, optimiza recursos, aprovecha más el tiempo… El aprendizaje empírico “por prueba y error”, en arquitectura, resulta decisivo, tanto en el nivel constructivo como en el compositivo: el éxito o fracaso de una obra condiciona la manera de abordar el siguiente proyecto debido a un inevitable propósito de superación. Desgraciadamente, a veces este afán de experimentación acaba en un estancamiento por la imposibilidad de seguir mejorando o simplemente por la comodidad de haber dado con una fórmula solvente, cayendo en la autocomplacencia y pérdida de originalidad.
Desde otro punto de vista, en el arte en general y en arquitectura en particular, la memoria puede resultar frustrante y hasta paralizante, por el dolor que supone reconocer la enorme valía de las obras maestras del pasado con las que es inútil tratar de compararse, como certeramente supo retratar Füssli. En ese momento la memoria deja de servir para el acto creativo y apenas permite poco más que procesos miméticos, alejando así al proyecto del zeitgeist. Como el protagonista de Funes el memorioso de Borges, el exceso de memoria atrofia la vida presente y las expectativas de futuro se anulan. Mucha de la arquitectura de los regímenes fascistas o de la alternativa postmodern podríamos situarla en este marco teórico de vitalidad impostada.
Con el propósito de indagar en el papel de la memoria en el proyecto arquitectónico, os invitamos a compartir posturas críticas que ayuden a perfilar una idea sobre cómo ha servido, como sirve y cómo puede servir la memoria para explorar nuevos horizontes disciplinares a diversas escalas, desde el territorio hasta el dormitorio. Conocer cómo ha operado la memoria o la amnesia en la producción arquitectónica (ya sea realmente construida, fallida o incluso utópica) puede servirnos de estímulo a reconsiderar la operatividad del pasado en el planeamiento urbano o en el proyecto arquitectónico futuros.
Así que… hagamos memoria.
Número coordinado por Rodrigo Almonacid Canseco.
Para obtener más información, no dude en ponerse en contacto con:
Alberto Alonso Oro
Las instrucciones detalladas para la presentación de artículos pueden consultarse aquí:
VAD 15. La memoria
Solemos “hacer memoria” para tratar de recordar eventos pasados. Al intentarlo, nos vemos obligados a “refrescar la memoria”, a recuperar aquello que tenemos “grabado en la memoria”; y eso “si la memoria no nos falla”, y con más posibilidades de éxito si acaso “lo aprendimos de memoria”. En la esencia del ser humano está la conciencia de ser y de haber sido, y, por tanto, de recordar sus experiencias vitales y de darles un sentido para orientarnos en el futuro (la “razón histórica” de la que hablaba Ortega y Gasset). De ahí que podamos tener un “historial” (médico, académico, policial, digital, etc.) y que seamos capaces de elaborar relatos biográficos o históricos, según el objetivo se centre más en un individuo o en un colectivo.
La potencialidad de la memoria para lograr un cierto nivel de progreso es evidente: uno aprende de sus errores y, al corregirlos, mejora el resultado, optimiza recursos, aprovecha más el tiempo… El aprendizaje empírico “por prueba y error”, en arquitectura, resulta decisivo, tanto en el nivel constructivo como en el compositivo: el éxito o fracaso de una obra condiciona la manera de abordar el siguiente proyecto debido a un inevitable propósito de superación. Desgraciadamente, a veces este afán de experimentación acaba en un estancamiento por la imposibilidad de seguir mejorando o simplemente por la comodidad de haber dado con una fórmula solvente, cayendo en la autocomplacencia y pérdida de originalidad.
Desde otro punto de vista, en el arte en general y en arquitectura en particular, la memoria puede resultar frustrante y hasta paralizante, por el dolor que supone reconocer la enorme valía de las obras maestras del pasado con las que es inútil tratar de compararse, como certeramente supo retratar Füssli. En ese momento la memoria deja de servir para el acto creativo y apenas permite poco más que procesos miméticos, alejando así al proyecto del zeitgeist. Como el protagonista de Funes el memorioso de Borges, el exceso de memoria atrofia la vida presente y las expectativas de futuro se anulan. Mucha de la arquitectura de los regímenes fascistas o de la alternativa postmodern podríamos situarla en este marco teórico de vitalidad impostada.
Con el propósito de indagar en el papel de la memoria en el proyecto arquitectónico, os invitamos a compartir posturas críticas que ayuden a perfilar una idea sobre cómo ha servido, como sirve y cómo puede servir la memoria para explorar nuevos horizontes disciplinares a diversas escalas, desde el territorio hasta el dormitorio. Conocer cómo ha operado la memoria o la amnesia en la producción arquitectónica (ya sea realmente construida, fallida o incluso utópica) puede servirnos de estímulo a reconsiderar la operatividad del pasado en el planeamiento urbano o en el proyecto arquitectónico futuros.
Así que… hagamos memoria.
Número coordinado por Rodrigo Almonacid Canseco.
VAD 13. El patrimonio
El término patrimonio se asocia por lo general a bienes materiales con valor crematístico, pero aquí en este número de la revista VAD veredes, arquitectura y divulgación nos ocuparemos de ese otro patrimonio que es un valor colectivo, algo que pertenece a todas las personas por igual y que puede ser material, pero también inmaterial o intangible: es nuestra herencia cultural, la que se ha ido gestando a lo largo del tiempo y la que, conscientes o no de ello, estamos creando día a día y será transmitido a las generaciones venideras.
Esta reflexión nos lleva a preguntarnos: ¿qué es realmente el patrimonio?
Nos referimos a un concepto que tradicionalmente ha estado asociado a la monumentalidad o a la belleza. Catedrales, castillos, palacios, monumentos para ser observados y admirados, casi siempre desde la distancia. Pero el patrimonio va más allá. En la actualidad ese concepto decimonónico ha quedado obsoleto. Ahora somos conscientes de que al hablar de patrimonio estamos hablando de legado cultural, y poco a poco se han ido integrando en el imaginario patrimonial otros elementos que no se habían contemplado con anterioridad, e incluso habían sido denostados, como el patrimonio industrial, el patrimonio inmaterial o los paisajes culturales. Todos ellos son también patrimonio. Ya no es, o no debería ser, algo distante, sino próximo e integrado en la vida cotidiana.
Pero no sólo ha cambiado con el tiempo el propio concepto de patrimonio, sino la forma de entenderlo y atenderlo. Hay certezas, como la necesidad de conocer, estudiar, investigar, que va más allá de la mera exhibición vacía de contenidos para la contemplación por un público estático; o el papel que juega la sociedad y la necesidad de la participación ciudadana en la toma de decisiones. Pero también hay muchas preguntas:
¿tiene fronteras el patrimonio? ¿es suficiente y/o adecuada la educación patrimonial? ¿es la antigüedad un valor per se? ¿cómo convive el patrimonio construido con las nuevas arquitecturas en un mismo espacio?
En un momento de incertidumbre, en que aún no conocemos que nos depararán los efectos de la globalización o de los avances tecnológicos, se impone un cambio de paradigma, establecer de partida unas certezas básicas que permitan ir abordando las incidencias a medida que se van presentando.
Quizá una de esas certezas resida en la lectura diacrónica del patrimonio, resultado de dos premisas indisociables: Espacio y Tiempo, única forma de entenderlo para su adecuada comprensión y su justa valoración.
Sin necesidad de esperar que pase mucho más tiempo, hoy ya se está consolidando una idea de utilidad asociada a rentabilidad económica que también concierne al patrimonio. Pues bien, cuando esta nueva suerte de utilitarismo mal entendido extiende sus tentáculos (si no tiene valor material, si no es útil, no sirve para nada), parece apropiado reivindicar con N. Ordine la utilidad de lo inútil:
«Porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte».1
Notas:
1 Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil (Barcelona: Acantilado, 2020)
Número coordinado por Linarejos Cruz Pérez.
Editores invitados:
- Joaquín Ibáñez Montoya (UPM | joaquin.ibanez@upm.es)
- Linarejos Cruz Pérez (UCM | joaquin.ibanez@upm.es)


